Con el inicio de la Copa Mundial, miembros de la comunidad se reúnen para disfrutar del deporte que tanto aman
Miembros de las comunidades mexicana y brasileña se reunieron en distintos puntos de Atlanta para apoyar y animar a sus respectivas selecciones nacionales.

El jueves pasado por la tarde, más de 100 personas estaban sentadas en Plaza Las Américas, con la vista fijada en la pantalla gigante frente a ellas. Habían acudido al centro comercial de Lilburn para ver el primer partido de la Copa Mundial: México contra Sudáfrica. Sobre sus cabezas había papeles picados, una tradicional decoración de papel colorido originaria de Oaxaca que la plaza había encargado “directamente desde México.”
La reunión para ver el partido fue una de muchas organizadas en toda el área metropolitana; ya bien entrada la segunda semana de competición, hay más eventos programados en restaurantes, centros comunitarios y parques. Hasta ahora, los partidos de este año, que se están jugando en ciudades de toda Norteamérica, han estado marcados por la frustración relacionada con los precios y las dificultades para ingresar a Estados Unidos, tanto para los aficionados como para el personal de la Copa Mundial. Los encuentros también han traído sorpresas: la mayor hasta ahora, aquí en Atlanta, ha sido la capacidad de la pequeña selección de Cabo Verde para contener a la potencia mundial España gracias a una actuación defensiva heroica, aguerrida y determinada. Desde dondequiera que los estén viendo, los aficionados locales han seguido los partidos con gran entusiasmo, y nosotros hemos estado conversando con ellos mientras se desarrolla el drama deportivo.
En Plaza Las Américas, aparte de las ocasionales explosiones de júbilo cuando la selección mexicana anotaba un gol (dos veces) o evitaba uno, y de los abucheos ante posibles faltas, los aficionados permanecían hipnotizados por el partido. Durante el medio tiempo, algunos recorrieron el centro comercial mientras las pantallas mostraban anuncios de Modelo (“La cerveza del fútbol”) y el presentador animaba a la gente a comprar algo de comer o beber en los puestos que rodeaban el área de asientos.
Un hombre vestía una camiseta de la selección mexicana para la Copa Mundial y un gran sombrero mientras vendía porciones de pizza, papas fritas y duritos, un aperitivo de trigo frito con forma de molinillo muy popular en los partidos de fútbol. “Me siento contento porque está jugando la selección de México”, dijo el vendedor. Originario de México, contó a 285 South que lleva viviendo en Atlanta más de 25 años. Le gusta vivir aquí, explicó, porque tanto “la naturaleza” como “el trabajo” son buenos. Cuando tiene tiempo libre, juega al fútbol, su deporte favorito.
Plaza Las Américas planea transmitir todos los partidos que se jueguen entre las 11 de la mañana y las 8 de la noche. “Mientras más personas atraigamos a la plaza, más oportunidades tendrán de conocer nuestros negocios”, dijo un portavoz del equipo administrativo de Plaza Las Américas.
Fátima, otra vendedora de comida también originaria de México, comentó que creció viendo fútbol en su país. Ahora, su hijo juega fútbol aquí en Atlanta. Ya ha notado un pequeño aumento en las ventas gracias a la Copa Mundial y espera que esa tendencia continúe. Un segundo después, los gritos de celebración ahogaron su voz: México acababa de anotar su primer gol.
Dos días después, al otro lado de Atlanta, aficionados vestidos con camisetas amarillas y verdes se reunieron en Minas Grill, un popular punto de encuentro de la comunidad brasileña local en Marietta, para ver a su selección enfrentarse a Marruecos.

Con la propietaria Rosana Lima dirigiendo a los aficionados hacia distintas mesas y presentando a desconocidos entre sí, ya no quedaban asientos vacíos cuando comenzó el partido. Hablando una mezcla de portugués, español e inglés, los asistentes llenaban sus platos con especialidades brasileñas —como la picanha y las coxinhas, unos bocadillos con forma de lágrima rellenos de pollo desmenuzado y queso cremoso— por las que el restaurante es conocido.
Leny Flaury, residente de Smyrna y originaria del estado de Minas Gerais (que da nombre al restaurante), había acudido al evento junto con su esposo, sus tres hijos y dos amigos estadounidenses. Cliente habitual del lugar, ha estado viendo los partidos de la Copa Mundial en Minas Grill desde 2018.
“Simplemente me encanta el ambiente aquí y cómo me hace sentir”, dijo. “Es como un hogar para mí”.
Mientras Brasil intentaba marcar un gol, Leny gritaba tanto en portugués como en inglés: “¡Vai Brasil!” “¡Vamos!”. Tiene previsto ver todos los partidos de la selección brasileña en Minas Grill.
“Esta comunidad, este ambiente, no es lo mismo cuando estamos en casa”, comentó.
Pranab Chanda, residente de Sandy Springs y originario de la India, había conocido a Rosana en Costco esa misma mañana. Después de conversar un poco, ella lo invitó a ver el partido en el restaurante. Él aceptó porque quería vivir la experiencia junto a la famosa comunidad brasileña apasionada por el fútbol.
“He sido aficionado desde que Ronaldinho jugaba en la selección”, dijo, refiriéndose a la leyenda del fútbol que participó en las Copas Mundiales de 2002 y 2006.
Juan José Pineda estaba sentado en un rincón del restaurante bebiendo una Guaraná, un popular refresco brasileño. Ha estado viendo la Copa Mundial en Minas Grill desde 2004. Aunque nació en Colombia, sus hijos nacieron en Brasil, su ex esposa es brasileña y él vivió allí durante años, por lo que apoya a la selección brasileña.
“Yo vivía en Brasil cuando ganaron el campeonato. Fueron de menos a más y ganaron”, dijo.


