Tras la muerte de su hermano bajo custodia de ICE, una mujer de Georgia queda con preguntas sin respuesta, los trámites para sepultarlo y un profundo dolor

El 13 de julio, Jesús Manuel Arenas-Silva se convirtió en la vigésima segunda persona que muere este año bajo custodia de ICE. Defensores de los inmigrantes dicen que el gobierno no está proporcionando la atención médica que necesitan a los detenidos

Sonimar Arenas on the phone with the funeral home where her brother, Jesus Manuel, was transferred after dying in ICE custody. Photo credit: Gabriela Henriquez Stoikow.

Sentada a la mesa de su cocina, Sonimar Arenas recuerda el jueves por la mañana en que arrestaron a su hermano. Jesús Manuel Arenas-Silva acababa de despertarse en su casa en Dallas, un pequeño pueblo a casi una hora al noroeste de Atlanta, y había salido. Como de costumbre, Jesús había sacado a pasear a su perro, Zimba, por el tranquilo vecindario de la familia, rodeado de árboles. Pero, de repente, Sonimar —que todavía estaba en la cama— escuchó a Jesús llamarla.

“Cuando abrí la puerta, jamás me imaginé ver esa escena”, dijo.

Dos agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE, por sus siglas en inglés) tenían a su hermano esposado.

Mientras se llevaban a Jesús, Sonimar les rogó a los agentes que no lo detuvieran.

“Yo le dije a él que por favor que no se lo llevara, que mi hermano tenía un estado de salud demasiado delicado”, dijo.

Jesús no podía vivir sin sus medicamentos para la hipertensión, así que Sonimar corrió a su habitación para buscarlos. No pudo encontrarlos, pero sí logró localizar el medicamento que tomaba para la ansiedad y la depresión severas. Les suplicó a los agentes que la dejaran preguntarle a Jesús, quien para ese momento ya estaba dentro del vehículo de los agentes, dónde estaba su otro medicamento. Según Sonimar, los agentes le dijeron que se alejara del vehículo.

Sonimar y su hijo de 13 años, Manuel, quien presenció el arresto, se quedaron en casa tratando de asimilar lo que acababa de suceder.

Sonimar y Jesús son venezolanos. Ella se había mudado a Estados Unidos como residente permanente junto con Manuel y su esposo, quien es originario de El Salvador. Jesús llegó a Estados Unidos en 2021 y se mudó con su hermana y su familia. Encontró trabajo como cocinero en un restaurante cercano y como encargado de mantenimiento en un hotel. También ayudaba a cuidar a su sobrino, Manuel; jugaban fútbol juntos, cortaban el césped y pasaban tiempo juntos después de la escuela.

El fin de semana después del arresto de Jesús, él llamó a Sonimar desde el Centro de Detención del Condado de Irwin. Según ella, Jesús le dijo que no le habían dado su medicamento para la ansiedad ni ningún medicamento para la hipertensión, ya que no había podido llevar consigo su medicina para la hipertensión al momento del arresto. Jesús también habló con Manuel, a quien le pidió perdón por haber tenido que presenciar su arresto. Manuel le dijo a su tío que lo extrañaba y lo quería, y que iban a lograr que lo dejaran en libertad.

Cuatro días después del arresto de Jesús, el 13 de julio, Sonimar y Manuel fueron al consultorio de su médico de atención primaria para obtener su historial médico y enviarlo a un segundo centro de detención, el Centro de Procesamiento de ICE en Folkston, donde Jesús estaba a punto de ser trasladado.

Mientras estaban en la sala de espera, Sonimar recibió una llamada telefónica. El hombre al otro lado de la línea le dijo que Jesús había sufrido un infarto durante el traslado y que había muerto.

“Él me dijo que lo sentía mucho, ¿pero de qué valía eso?”, dijo.

En un comunicado publicado dos días después, ICE atribuyó la muerte de Jesús a un paro cardíaco. Fue la vigésima segunda persona que murió bajo custodia de ICE solo este año, y el caso más reciente de una serie de emergencias médicas relacionadas con la detención migratoria.

En octubre de 2025, ICE —que ha sido criticado por no brindar atención médica suficiente a las personas bajo su custodia— dejó de pagar a proveedores médicos externos por la atención de los detenidos, según informes de prensa.

En Georgia, un análisis de la organización sin fines de lucro El Refugio encontró que, en 2026, se habían producido 74 emergencias cardíacas en el centro de ICE más grande del estado, el Centro de Detención Stewart en Lumpkin. Los voluntarios llegaron a esa cifra al revisar registros de llamadas de emergencia, observaciones de voluntarios y testimonios de primera mano de personas detenidas.

ICE no respondió a una solicitud de comentarios de 285 South.

Jesus Manuel Arenas-Silva’s nephew, Manuel, at an altar honoring his uncle’s life; the altar was set up at a recent service in Smyrna to remember people who’ve died in ICE custody, or by other means related to immigration. Photo credit: Gabriela Henriquez Stoikow.

Al enterarse de la muerte de Jesús, Sonimar llamó a su hermana mayor en Venezuela, quien tuvo que darle la noticia a la madre de ambas, porque Sonimar no tenía fuerzas para hacerlo.

“Yo escuchaba a mi mamá gritando, horrible. Yo tuve que cortar la llamada porque sabía que esa iba a ser su reacción. Era su hijo adorado, su único varón”, dijo.

“Mi mamá dice que ella está muerta en vida”, dijo Sonimar.

El camino que le espera a la familia de Jesús

Como la única familiar de Jesús en Estados Unidos que podía hacerse cargo de sus asuntos, Sonimar quedó responsable de todo lo que vino después: tuvo que firmar autorizaciones para trasladar el cuerpo, conseguir su acta de nacimiento y otros documentos de Venezuela, traducirlos y certificarlos ante un notario. En la práctica, Sonimar se convirtió en el único punto de contacto para todos los trámites necesarios para darle sepultura a Jesús.

También recibió una llamada de la Oficina de Investigaciones de Georgia (GBI, por sus siglas en inglés), en la que le informaron que la agencia había abierto una investigación sobre la muerte de Jesús. Ha pasado un mes desde aquella llamada y no ha vuelto a recibir noticias.

GBI no respondió a una solicitud de comentarios de 285 South sobre el estado de la investigación de la muerte de Jesús.

“Hasta el 9 de julio fue una vida y del 9 de julio hasta hoy es otra vida. Mi vida no va a ser la misma nunca más. La muerte de Jesús Manuel es una cosa que cambió mi vida para siempre”, dijo Sonimar.

Sonimar había leído en uno de los diarios de Jesús que, si llegara a morir en Estados Unidos, quería que su cuerpo descansara en su país natal, y ella quería respetar su voluntad. Pero los dos terremotos que azotaron Venezuela a finales de junio hicieron que eso fuera imposible. La funeraria le dijo que, debido a que no había vuelos entrando o saliendo del país, no podían trasladar su cuerpo.

Intentó sepultarlo en Estados Unidos, pero los costos eran demasiado altos, y el dinero recaudado mediante un GoFundMe creado para ayudar a la familia no alcanzaba para cubrirlos.

A finales de agosto, Sonimar finalmente tomó la dolorosa decisión de cremar a su hermano.

Sonimar Arenas shows a picture with her sibling, Jesus Manuel, and her son, Manuel. Photo credit: Gabriela Henriquez Stoikow.

Sentada a la mesa de su cocina, donde solía tener largas conversaciones con Jesús y compartir comidas con él, Sonimar dice que está agotada:

“Yo no tuve como ese proceso de duelo normal. Yo tuve que afrontar todo el tema y ya después de que yo vi a mi hermano, yo cerré ese capítulo.”

Después de dos meses, Sonimar comenzó terapia. Manuel también está recibiendo asesoramiento psicológico.

Sonimar dice que apenas pasa tiempo en su casa porque se siente muy vacía. En cambio, pasa tiempo al aire libre y visita lugares a los que solía ir con Jesús. Hace poco, se sentó en uno de los pasillos de Walmart que habían recorrido juntos unos meses antes, cuando Jesús necesitaba unas sandalias nuevas. También visitó la cocina del restaurante donde Jesús solía trabajar. Huele la ropa de Jesús, que todavía está en su habitación y que no ha tocado.

Aunque Sonimar trabajaba como mesera en un restaurante mexicano, perdió su empleo al verse atrapada en trámites y papeleo después de la muerte de Jesús. Ahora está comenzando a buscar trabajo nuevamente.

A homemade altar, assembled by his sister Sonimar in their house in Dallas, honors the life of Jesus Manuel Arenas-Silva. Photo credit: Gabriela Henriquez Stoikow.

A medida que pasan los días, Sonimar siente cada vez más que la muerte de Jesús fue resultado de una negligencia absoluta, dijo: “Se lo llevaron para que él se muriera.”

Ahora, se apoya en su relación con Dios para sobrellevar el duelo.

También recuerda los buenos momentos: cuando horneaban rollos de canela juntos y, a veces, los vendían por Facebook Marketplace, o cuando preparaban pan de jamón, un pan tradicional venezolano que se suele comer en Navidad. A veces, sus recuerdos se remontan aún más atrás, a cuando eran niños y caminaban juntos a la escuela en su pequeño pueblo de Delta Amacuro, en Venezuela, justo al lado de Guyana.

Un sábado por la mañana reciente, Sonimar, Manuel y el esposo de Sonimar, Wilson, asistieron a una vigilia en Smyrna para honrar la vida de las personas que habían muerto bajo custodia de ICE, entre ellas Jesús. Fue lo más parecido que tuvo a un funeral para su hermano.

“Lo que le pido a Dios es que mi hermano esté descansando”, dijo.

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Author

Gabriela Henriquez Stoikow is a bilingual journalist based in Atlanta, Georgia, covering local news, immigration, and healthcare.

She has previously worked at The Miami Herald, CNN, and Miami Today News, and her work has been featured at the Atlanta Business Chronicle, WABE, Rough Draft, and Documented NY. In Venezuela, she worked at the investigative journalism outlets RunRun.es and Armando.info, covering politics, human rights, and the Covid-19 pandemic.

Gabriela won the Atlanta Press Club’s Rising Star Award in 2025.